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¿Por qué aparecen las convulsiones en adultos?

Autor: Giovana Femat Roldán

¿Por qué aparecen las convulsiones en adultos?

Las convulsiones repentinas en adultos pueden tener diversas causas, incluyendo afecciones neurológicas como la epilepsia, accidentes cerebrovasculares, lesiones en la cabeza, infecciones cerebrales como la meningitis, y factores ambientales o metabólicos que afectan la actividad cerebral. 

Una convulsión corresponde a cambios físicos o cambios en el comportamiento que ocurren durante un episodio de un tipo específico de actividad eléctrica anormal en el cerebro. El término «convulsión» se utiliza a menudo indistintamente con «ataque». Durante las convulsiones, una persona tiene temblor incontrolable que es rápido y rítmico, con los músculos contrayéndose y relajándose en forma repetitiva. Hay muchos diferentes tipos de convulsiones. Algunos tienen síntomas leves y sin temblores.

Cuando no se identifica la causa, se dice que las convulsiones son idiopáticas

Las situaciones que irritan el cerebro (como lesiones, determinados fármacos o drogas, falta de sueño, infecciones o fiebre) o que le privan de oxígeno o energía (como alteraciones del ritmo cardíaco, niveles bajos de oxígeno en sangre o niveles muy bajos de azúcar en sangre hipoglucemia) pueden desencadenar una crisis única, tanto si se padece un trastorno convulsivo como si no. Esta crisis, resultado de un estímulo de este tipo, se denomina crisis provocada (y por tanto es una crisis no epiléptica).

Las personas con un trastorno convulsivo tienen más probabilidades de sufrir una convulsión cuando ocurre lo siguiente:

  • Están sometidas a un exceso de estrés físico o emocional.
  • Están intoxicadas o privadas de sueño.
  • Han dejado repentinamente de beber o de consumir sedantes.
  • Evitar estos factores ayuda a prevenir las convulsiones.

Síntomas de los trastornos convulsivos

Los trastornos convulsivos en adultos pueden presentarse de maneras muy variadas, y no siempre con la clásica imagen de una convulsión con pérdida del conocimiento y movimientos bruscos. Entender sus síntomas puede marcar la diferencia en un diagnóstico oportuno y en la búsqueda de tratamiento especializado. Aquí se describen los síntomas más comunes, agrupados según su presentación clínica:

Síntomas motores (convulsivos y no convulsivos)

Son los más evidentes y conocidos, pero también los más diversos.

  • Movimientos involuntarios:

sacudidas rítmicas o espasmos musculares, que pueden ser generalizados (afectan todo el cuerpo) o focales (una sola parte, como el brazo o la cara).

  • Rigidez muscular:

puede haber tensión repentina en los músculos, sobre todo al inicio de una convulsión tónico-clónica.

  • Caídas repentinas:

sin causa aparente, producto de una pérdida momentánea del tono muscular (crisis atónicas).

  • Automatismos:

movimientos repetitivos sin propósito, como frotarse las manos, masticar sin haber comida o caminar sin rumbo durante unos segundos.

Alteraciones del estado de conciencia

No todas las convulsiones implican pérdida total de conciencia, pero muchas sí provocan alteraciones que pueden ser difíciles de identificar.

  • Pérdida de conocimiento:

Típica en crisis generalizadas tónico-clónicas.

  • Confusión postictal:

Después de la convulsión, puede haber un período de confusión, desorientación o fatiga, que puede durar minutos u horas.

  • Desconexión breve del entorno:

En crisis de ausencia atípicas o focales, la persona puede quedarse con la mirada fija, sin responder, durante unos segundos.

Síntomas sensoriales y perceptivos

Las crisis focales pueden comenzar con síntomas más sutiles, conocidos como «auras», que pueden ser señal de una descarga eléctrica en una región específica del cerebro.

  • Alteraciones visuales:

Luces brillantes, destellos o imágenes distorsionadas.

  • Sensación de déjà vu o jamais vu:

Percepción de familiaridad extrema o de desconocimiento de lo conocido.

  • Cambios en la audición, gusto u olfato:

Por ejemplo, escuchar sonidos inexistentes o percibir olores extraños (como goma quemada).

  • Hormigueo o entumecimiento:

Generalmente en una parte del cuerpo, como una mano o la cara.

Síntomas emocionales o psicológicos

A veces, los trastornos convulsivos pueden manifestarse como cambios emocionales abruptos, difíciles de interpretar en un primer momento.

  • Ansiedad repentina sin causa aparente
  • Sensación de miedo intenso o pánico
  • Euforia o tristeza inexplicable

Estos síntomas suelen acompañar a las crisis focales originadas en regiones como el lóbulo temporal, que está relacionado con la regulación emocional.

Síntomas cognitivos y de lenguaje

Algunas crisis pueden afectar funciones cerebrales relacionadas con el lenguaje, la memoria o la capacidad de respuesta.

  • Dificultad para hablar o comprender el habla:

De manera transitoria durante la crisis.

  • Lagunas de memoria:

Sobre todo alrededor del episodio convulsivo.

  • Dificultad para responder a preguntas simples:

Como si la persona no pudiera procesar el lenguaje momentáneamente.

Importancia de identificar los síntomas

No todas las crisis son iguales ni se manifiestan con movimientos evidentes. De hecho, muchas personas adultas con trastornos convulsivos pueden tardar meses o incluso años en recibir un diagnóstico correcto, sobre todo si las crisis son breves, sutiles o se confunden con otros trastornos, como ansiedad, ataques de pánico o problemas psiquiátricos.

¿Cuándo acudir al neurólogo?

Se recomienda buscar atención neurológica si una persona presenta cualquiera de los siguientes signos:

  • Episodios repetidos de pérdida de conciencia, aunque sean breves.
  • Movimientos involuntarios inexplicables.
  • Sensaciones extrañas recurrentes (como olores o imágenes) sin causa externa.
  • Cambios abruptos de comportamiento, memoria o emociones sin explicación.
  • Caídas frecuentes sin motivo aparente.
  • Reconocer los síntomas de un trastorno convulsivo es el primer paso para un tratamiento que puede mejorar significativamente la calidad de vida. Las crisis no siempre se ven como en las películas; a veces son silenciosas, pasajeras, y por eso mismo, peligrosamente invisibles. Cuando se detectan a tiempo, se abre la posibilidad de vivir con mayor tranquilidad y control.

Estado Epiléptico

El estado epiléptico convulsivo es el trastorno convulsivo más grave y se considera una emergencia médica, porque las convulsiones no cesan. Se producen descargas eléctricas a través de todo el encéfalo, causando una crisis tonicoclónica generalizada.

El estado epiléptico convulsivo se diagnostica cuando se cumple una de las dos condiciones siguientes o ambas:

  • Una convulsión dura más de 5 minutos
  • La persona no recobra la consciencia totalmente entre dos o más crisis

Diagnóstico de los trastornos convulsivos en una clínica de epilepsia

El diagnóstico de una crisis se basa en los síntomas y en los datos aportados por quienes han presenciado las crisis. Los síntomas que sugieren una crisis incluyen la pérdida de consciencia, espasmos musculares que agitan el cuerpo, lengua mordida, pérdida de control de la vejiga, confusión repentina e incapacidad para prestar atención. El médico diagnostica un trastorno convulsivo (epilepsia) cuando una persona tiene al menos dos crisis no provocadas que ocurren en momentos diferentes.

  • Historia clínica y exploración física
  • Pruebas complementarias:

La electrocardiografía permite detectar las alteraciones del ritmo cardíaco, o pruebas de imágenes cerebrales para comprobar la presencia de hemorragia o de un accidente cerebrovascular. Habitualmente se indica una tomografía computarizada (TC), pero también se puede indicar una resonancia magnética nuclear (RMN). La electroencefalografía (EEG) ayuda a confirmar el diagnóstico. Es un procedimiento indoloro y seguro que registra la actividad eléctrica del cerebro. Los médicos examinan los registros (electroencefalograma) en busca de descargas eléctricas anormales.