¿Qué es la epilepsia de Lafora?
Autor: Giovana Femat Roldán

La enfermedad de Lafora (LD) o epilepsia de Lafora es una forma de epilepsia mioclónica progresiva de herencia autosómica recesiva, causada por mutaciones en los genes que codifican para la laforina (EPM2A) o para la malina (EPM2B o NHLRC1).
Fue descrita por primera vez como epilepsia mioclónica con demencia de inicio adolescente y con depósitos de amiloide. Es particularmente frecuente en regiones con una tasa alta de consanguinidad.
¿A qué edad se detecta la epilepsia de Lafora?
Tiene su inicio entre la infancia tardía y la adolescencia en personas con un desarrollo neurológico previo normotípico. Puede aparecer en un rango de edad que va desde los 5 hasta los 20 años, siendo más frecuente entre los 14 y los 16 años.
¿Qué síntomas hay en la enfermedad de Lafora?
Los primeros síntomas de la enfermedad suelen ser: crisis epilépticas occipitales parciales o generalizadas, que pueden ser fotoconvulsivas, y suelen asociarse con ceguera transitoria o alucinaciones visuales elementales o complejas; episodios de caída por ausencias o atonía, y mioclonías, tanto en reposo como por sensibilidad a ciertos estímulos.
Al inicio de los síntomas, pueden no observarse anormalidades en EEG o que aparezca un fondo ligeramente ralentizado de actividad. Posteriormente, aparecen picos sobre las regiones occipitales, así como descargas generalizadas punta-onda que aumentan mediante estimulación fótica.
Sin embargo, la MRI no muestra irregularidad alguna. Después, y de forma progresiva e insidiosa, aparecen y van aumentando en frecuencia las crisis tónico-clónicas generalizadas, y aparece la mioclonía de forma casi continua, sobre todo de las extremidades superiores e inferiores. Esta mioclonía es la primera causa para la dependencia de la silla de ruedas. Posteriormente aparece la demencia y deterioro cognitivo con síntomas psiquiátricos.
¿Por qué se produce la enfermedad de Lafora?
Está causada por mutaciones de pérdida de función en los genes EPM2A o EMP2B (NHLRC1), los cuales codifican para las proteínas laforina y malina respectivamente. La primera de ellas es una fosfatasa de especificidad dual, mientras que en el segundo caso se trata de una E3 ubiquitina ligasa.
La patología distintiva de esta enfermedad es la acumulación intracelular de los denominados cuerpos de Lafora, unos agregados que contienen poliglucosanos (moléculas de glucógeno mal ramificadas) así como proteínas ubiquitinadas. Estas inclusiones se acumulan en diferentes órganos del cuerpo, y típicamente se han descrito en el cerebro, el hígado, el músculo cardíaco y esquelético y las glándulas sudoríparas.
¿Cómo se realiza el diagnóstico de la epilepsia de Lafora?
El diagnóstico de la LD se basa en:
- Hallazgos clínicos (crisis epilépticas parciales – occipitales- o generalizadas, mioclonías, agnosia visual, deterioro cognitivo y neurológico, y síntomas neuropsiquiátricos)
- Electrofisiológicos (cambios en el EEG)
- Histológicos (acumulación de cuerpos de Lafora PAS positivos)
- Genéticos.
Debido a las similitudes en las etapas iniciales de la enfermedad, puede que los pacientes al inicio sean diagnosticados con epilepsia mioclónica juvenil (JME, por sus siglas en inglés) o con epilepsia idiopática generalizada (IGE, por sus siglas en inglés). La presencia de una actividad de fondo formada por ritmo lento en EEG, las convulsiones resistentes a los fármacos, las crisis occipitales y el deterioro cognitivo y neurológico en el paciente debe ser un indicio de sospecha para investigar si podría tratarse de LD.
Tradicionalmente se ha utilizado la biopsia de piel de las glándulas sudoríparas como procedimiento principal para realizar el diagnóstico de la enfermedad, pero la interpretación de la muestra conlleva gran riesgo tanto de falsos-negativos, especialmente en pacientes con síntomas en etapas tempranas como de falsos-positivos por la dificultad de distinguir los cuerpos de Lafora de otros polisacáridos normales PAS positivos de las glándulas apocrinas. Por ello se propone la realización de un análisis genético con el fin de confirmar LD.

¿Existe tratamiento para la enfermedad de Lafora?
Actualmente, no existe un tratamiento que erradique o prevenga el desarrollo de la enfermedad. Tradicionalmente, se utilizan fármacos antiepilépticos para el manejo de las mioclonías y las convulsiones, aunque pronto aparecen resistencias a los mismos. Se recomienda un abordaje multidisciplinario con múltiples terapias de neurorehabilitación física como cognitiva como cuidados paliativos.
¿Cual es el pronóstico de la epilepsia de Lafora?
Los pacientes que sufren la LD acaban finalmente postrados en la cama y en un estado de dependencia absoluta. En esta última fase, puede observarse atrofia cerebral y cerebelar. Sin embargo, otros órganos no están afectados. Aproximadamente a los 10 años del inicio de los síntomas, se produce la muerte, normalmente en status epilepticus, y debido a neumonía por aspiración, o complicaciones relacionadas con la degeneración del sistema nervioso.
Abordaje Terapéutico en una Clínica de Epilepsia
El tratamiento de la enfermedad de Lafora en una clínica especializada en epilepsia se enfoca en varios aspectos:
Control de las Crisis Epilépticas:
- Medicamentos Antiepilépticos (MAEs):
El manejo principal incluye el uso de MAEs para reducir la frecuencia y severidad de las crisis epilépticas. Sin embargo, debido a la naturaleza progresiva de la enfermedad, la respuesta a estos medicamentos puede ser limitada con el tiempo. Medicamentos como el valproato, levetiracetam, y clobazam suelen ser utilizados.
Manejo de los Síntomas Neuropsiquiátricos:
- Tratamiento de Trastornos del Comportamiento:
Los pacientes con enfermedad de Lafora pueden desarrollar síntomas psiquiátricos como ansiedad, depresión, o trastornos del comportamiento. La intervención con terapias psicológicas, y en algunos casos, el uso de psicofármacos, puede ser necesario.
- Terapia Cognitiva y de Estimulación:
La estimulación cognitiva puede ayudar a mantener las funciones cognitivas durante el mayor tiempo posible, aunque la degeneración progresiva es inevitable.
Soporte Multidisciplinario:
- Fisioterapia y Rehabilitación:
Conforme avanza la enfermedad, los pacientes pueden desarrollar problemas motores severos. La fisioterapia ayuda a mantener la movilidad y prevenir complicaciones como las contracturas musculares.
- Nutrición y Soporte Nutricional:
A medida que la enfermedad progresa, la nutrición adecuada se vuelve crítica. Algunos pacientes pueden requerir soporte nutricional especializado, como alimentación por sonda.
En conclusión, el manejo de la enfermedad de Lafora en una clínica de epilepsia es un desafío complejo que demanda un abordaje multidisciplinario, con el objetivo de maximizar la calidad de vida del paciente y ofrecer apoyo integral tanto a ellos como a sus familias.
