Diferencias entre Epilepsia parcial y generalizada
Autor: Giovana Femat Roldán

Las crisis epilépticas se clasifican según su origen, la presencia/ausencia de síntomas motores y afectación o no del nivel de conciencia.
El primer signo o síntoma de una crisis es el parámetro que marca la clasificación de la misma.
Según el origen:
- Crisis focales:
Se originan en redes limitadas a un hemisferio. El término “focal” sustituye al término antiguo “parcial”.
- Crisis generalizadas:
Surgen e involucran rápidamente a redes distribuidas bilateralmente.
- Crisis de inicio desconocido:
Evidencia insuficiente para caracterizarlas como focales, generalizadas o ambas.
- Crisis focales con evolución a una crisis tónico-clónica bilateral
Sustituye al término previo “crisis parcial con generalización secundaria”.
En caso de que una crisis no haya sido presenciada desde el inicio, pero se objetive una actividad tónico-clónica, debería definirse como “crisis de origen desconocido con evolución a tónico-clónica bilateral”.
Según la presencia/ausencia de signos motores y del tipo del mismo:
Es aplicable a las crisis focales, las generalizadas y las crisis de inicio desconocido.
Se subclasifican en:
Según la afectación de conciencia:
Es aplicable a las crisis focales y se dividen en:
• Crisis con nivel de conciencia preservado (sustituye al término antiguo “simple”).
• Crisis con nivel de conciencia alterado (sustituye al término antiguo “compleja”).
La nueva clasificación permite además de clasificar el tipo de crisis añadir términos, bien como texto libre o bien los propuestos en la clasificación para una mayor descripción de las crisis. Así, por ejemplo, una crisis puede ser clasificada como focal con nivel de conciencia alterado y autonómica asociada a adormecimiento facial izquierdo y ansiedad.
Epilepsia: Concepto y Clasificación
La epilepsia es una enfermedad cerebral que se define por cualquiera de las siguientes circunstancias:
1. Al menos dos crisis no provocadas (o reflejas) con > 24 h de separación.
2. Una crisis no provocada (o refleja) y una probabilidad de presentar nuevas crisis durante los 10 años siguientes similar al riesgo general de recurrencia (al menos el 60 %) tras la aparición de dos crisis no provocadas. ejemplos de evidencia que incrementan la probabilidad de presentar nuevas crisis incluyen: 1) registro de actividad epileptiforme en EEG, o 2) existencia de una lesión potencialmente epileptogénica en estudio de imagen cerebral.
3. Diagnóstico de un síndrome de epilepsia
Clasificación tipos de epilepsia
Tras clasificar el tipo de crisis epiléptica, el siguiente paso es definir el tipo de epilepsia, y en los casos en que se cumplan los criterios, definir el síndrome epiléptico. La nueva clasificación considera no solo el tipo de epilepsia y síndrome epiléptico, sino que también incorpora datos sobre la etiología, comorbilidades, test de laboratorio, genética etc, aportando información crucial en el adecuado manejo del paciente.
Etiologías
- Estructural:
Si existe una lesión en neuroimagen que es la causa de las crisis epilépticas (concordancia en alteraciones EEG y semiología de las crisis).
- Genética:
Si existe una anomalía genética patogénica para epilepsia, o la existencia de historia familiar positiva y hallazgos típicos en EEG y tipo de crisis.
- Infecciosa:
Si existe una infección no aguda que determina una lesión cerebral (por ejemplo: neurocisticercosis, VIH, CMV, toxoplasmosis cerebral).
- Metabólica:
Provocada por un defecto metabólico genético o adquirido. No se considera como tal las alteraciones metabólicas transitorias, que son causa de crisis sintomáticas agudas, y no implican epilepsia.
- Inmune:
Si existe una enfermedad autoinmune responsable de la epilepsia (por ejemplo: encefalitis límbica).
- Desconocida:
Si no existe una causa identificada. Los términos “estructural, metabólico, infecciosa e inmune” sustituyen al término antiguo “sintomático remoto”. El término “genético” sustituye al término antiguo “idiopático”.
El término “desconocido” sustituye al antiguo “criptogénico”. En el momento actual se proponen los siguientes ejes en la clasificación
- Síndrome epiléptico o síndrome electroclínico:
Viene definido por la presencia de una serie de manifestaciones (tipo de crisis, alteraciones en EEG, edad de inicio, imagen, factores precipitantes, pronóstico) que aparecen agrupadas y cuyo diagnóstico tiene implicaciones terapéuticas, pronósticas y de manejo total del paciente.

Diagnóstico de la epilepsia
El diagnóstico se basa en la historia clínica y estudios complementarios como lo es la resonancia magnética para descartar lesiones estructurales como trastornos de migración neuronal, tumores displasias corticales etc. Electroencefalograma (EEG) para demostrar la actividad epiléptica y descartar los trastornos paroxisticos no epilepticos, siendo una prueba repetible, accesible y económica. Laboratorios generales como electrolitos séricos, amonio, pruebas de función hepática etc.
Control de las crisis
El control de las crisis epilépticas es un objetivo central en el tratamiento de la epilepsia, ya que estas crisis no solo afectan la calidad de vida de quien las padece, sino que también pueden representar un riesgo para la seguridad física, el desarrollo cognitivo y la salud emocional. Alcanzar un buen control implica un abordaje integral, personalizado y sostenido en el tiempo, donde se combinan herramientas médicas, conductuales y, en algunos casos, quirúrgicas.
Tratamiento farmacológico antiepiléptico
El tratamiento con fármacos antiepilépticos (FAEs) es la primera línea en el control de las crisis. Existen múltiples opciones, como:
- Levetiracetam
- Valproato de sodio
- Carbamazepina
- Lamotrigina
- Oxcarbazepina
- Topiramato
- Lacosamida
La elección del medicamento depende del tipo de epilepsia, edad del paciente, sexo (especialmente en mujeres en edad fértil), comorbilidades y posibles interacciones con otros medicamentos.
Adherencia al tratamiento
Tomar los medicamentos correctamente y de forma constante es esencial. Saltarse dosis o suspender el tratamiento sin indicación médica es una de las principales causas de recaída.
El horario es importante: muchos FAEs necesitan mantenerse en niveles estables en la sangre.
Identificación y control de desencadenantes
Algunos factores pueden aumentar la probabilidad de una crisis, como:
- Falta de sueño
- Estrés físico o emocional
- Estimulación visual (luces intermitentes)
- Saltarse medicamentos
- Consumo de alcohol u otras sustancias
- Cambios hormonales
Aprender a identificar estos desencadenantes y evitarlos es parte del autocuidado diario del paciente.
Monitoreo médico constante
El seguimiento con un neurólogo es indispensable para ajustar el tratamiento, evaluar efectos secundarios y anticipar cambios clínicos.
Se pueden usar estudios complementarios como:
- EEG de control.
- Monitoreo prolongado con video-EEG, en casos donde las crisis no son claras o no se controlan.
- RM de seguimiento, si se sospechan causas estructurales.
Opciones no farmacológicas
Cuando las crisis no se controlan con medicamentos (epilepsia refractaria), existen otras alternativas:
a) Cirugía de epilepsia
En casos seleccionados, especialmente en epilepsias focales, se puede extirpar la zona del cerebro donde se originan las crisis.
b) Estimulación del nervio vago (ENV)
Dispositivo implantado que envía impulsos eléctricos al cerebro para reducir la frecuencia e intensidad de las crisis.
c) Estimulación cerebral profunda
Se implantan electrodos en regiones específicas del cerebro para modular su actividad.
d) Dieta cetogénica
Dieta alta en grasas y baja en carbohidratos, especialmente útil en epilepsias infantiles difíciles de controlar.
Educación del paciente y su entorno
Una persona que entiende su condición tiene más herramientas para prevenir y responder a una crisis. La educación debe incluir:
- Cómo actuar ante una crisis (evitar lesiones, no introducir objetos en la boca, colocar de lado, etc.).
- Cuándo acudir a urgencias.
- Reconocimiento de “auras” o señales previas.
- Información para familiares, maestros y empleadores.
Salud mental y apoyo emocional
La epilepsia no afecta solo al cerebro, también puede tener un impacto emocional profundo. La ansiedad, la depresión o el aislamiento social son comunes.
El acompañamiento psicológico o neuropsicológico puede:
- Mejorar la adherencia al tratamiento.
- Ofrecer estrategias para manejar el estrés.
- Promover una vida más plena y funcional.
Controlar las crisis epilépticas no siempre significa curar la enfermedad, pero sí lograr una vida sin sobresaltos, sin miedo constante a las crisis y con un mayor bienestar físico y emocional. El camino para lograrlo es diferente para cada persona, pero siempre debe estar guiado por un especialista y acompañado por un entorno informado y empático. Porque en la epilepsia, el conocimiento, la constancia y el apoyo pueden marcar la diferencia entre sobrevivir… y vivir plenamente.
