Mis episodios de «desconexión», ¿son epilépticos?
Autor: Giovana Femat Roldán

Las crisis de ausencia son un tipo de episodios epilépticos que pueden presentarse como episodios breves de “desconexión”. Este tipo de crisis es más común que se presente en niños entre los 5 y los 15 años de edad y suele resolverse en la adolescencia, aunque un pequeño porcentaje puede persistir hasta la adultez. El diagnóstico se realiza por medio de electroencefalograma y el manejo suele ser con tratamiento anticonvulsivo.
Las crisis de ausencia son episodios de crisis epilépticas que se presentan en forma de episodios de “desconexión” en donde el niño presenta alteración de la conciencia y deja de responder a estímulos externos debido a actividad eléctrica anormal en el cerebro. Las crisis pueden estar asociadas a otros tipos de epilepsia como la epilepsia de ausencias de la infancia, epilepsia de ausencias juvenil y la epilepsia mioclónica juvenil.
Previamente se consideraba a las crisis de ausencia como una crisis benigna ya que se tratan de crisis no convulsivas (carecen de movimientos involuntarios del cuerpo), sin embargo, se ha visto que los niños que presentan este tipo de crisis pueden presentar otras manifestaciones neuropsiquiátricas como alteraciones del comportamiento, trastornos de la atención, cognición, memoria y estado de ánimo, convirtiéndolo en una condición que puede afectar la función académica y psicosocial del niño si no recibe un diagnóstico y tratamiento oportuno.
Causas de crisis de ausencia
1. Predisposición genética
Una de las causas más comunes de las crisis de ausencia es la predisposición genética. Se ha observado que las personas que tienen antecedentes familiares de epilepsia o de crisis de ausencia tienen un mayor riesgo de desarrollarlas. Los genes implicados pueden afectar la forma en que las neuronas del cerebro se comunican, predisponiendo a la persona a sufrir crisis epilépticas.
2. Anomalías en la actividad eléctrica cerebral
Las crisis de ausencia están asociadas a una actividad eléctrica anormal en el cerebro, en particular en la región cortical. Esta actividad se manifiesta como «descargas generalizadas», lo que significa que las señales eléctricas anormales se propagan por ambas partes del cerebro de manera simultánea, lo que da lugar a la pérdida temporal de la conciencia. Se desconoce completamente por qué se producen estas descargas, pero es un mecanismo clave en la aparición de estas crisis.
3. Desequilibrio en neurotransmisores
Otro factor que puede influir en las crisis de ausencia es un desequilibrio en los neurotransmisores, especialmente el GABA (ácido gamma-aminobutírico), que tiene un papel crucial en la inhibición de la actividad neuronal excesiva. Un nivel reducido de GABA o una alteración en su función puede facilitar la aparición de crisis epilépticas, incluidas las crisis de ausencia.
4. Privación del sueño
La falta de sueño puede ser un desencadenante importante de las crisis de ausencia, especialmente en personas predispuestas a las crisis epilépticas. El sueño insuficiente puede alterar los patrones eléctricos normales del cerebro, aumentando el riesgo de que ocurra una crisis.
5. Estrés y fatiga
El estrés emocional y la fatiga física también pueden actuar como desencadenantes. El estrés prolongado puede afectar el equilibrio químico del cerebro, lo que en personas propensas puede aumentar la probabilidad de que se presenten crisis de ausencia.
6. Fotosensibilidad
En algunos casos, la exposición a estímulos visuales fuertes o repetitivos, como luces parpadeantes o patrones visuales intensos, puede provocar crisis de ausencia, especialmente en personas con epilepsia fotosensible.
7. Cambios hormonales
En ciertas personas, los cambios hormonales pueden influir en la aparición de crisis de ausencia. Este fenómeno es más común en mujeres, donde los niveles hormonales fluctuantes durante el ciclo menstrual pueden aumentar la susceptibilidad a las crisis.
8. Lesiones cerebrales previas
Aunque menos común, las personas que han sufrido una lesión cerebral traumática o una infección que afecte el cerebro, como meningitis o encefalitis, pueden desarrollar crisis epilépticas, incluidas las crisis de ausencia, como secuela de estos eventos.
Es importante que ante la sospecha de crisis de ausencia, se consulte a un especialista en neurología para una evaluación completa y el establecimiento de un diagnóstico adecuado, ya que, aunque estas crisis suelen ser breves y no siempre interrumpen la vida diaria, requieren tratamiento para evitar que se presenten con mayor frecuencia o evolucionen a otros tipos de crisis epilépticas.

Signos y síntomas de la epilepsia
Usualmente son niños de entre 4 a 15 años (siendo aún más común en niños de entre 5 a 7 años) que presentan episodios disociativos en donde pierden interacción con el medio. La gente alrededor puede describir estos episodios como que los niños paran la actividad que se encontraban haciendo o la realizan de una manera más lenta y se mantienen con la mirada perdida. De igual forma también se pueden presentar, aunque raramente, automatismos orales (movimientos repetidos de chupeteo), palidez o incontinencia urinaria.
Las crisis suelen durar entre 4 a 30 segundos y ocurren de 10 a 30 veces al día. Algunos de los desencadenantes de crisis son la hiperventilación, un estado de excitación, deprivación del sueño y medicamentos.
A diferencia de otros tipos de crisis epilépticas estas no se acompañan de aura epiléptica ni de un periodo postictal y de hecho los niños continúan con sus actividades como si nada hubiera pasado una vez que la crisis termina porque ellos no son conscientes de lo que ha pasado.
Diagnóstico de la epilepsia
Cuando se presentan crisis de ausencia se debe realizar una evaluación neurológica para detectar otros trastornos neuropsiquiátricos y considerar diagnósticos diferenciales, ya que existen otras epilepsias que además de presentar las crisis de ausencia presentan otro tipo de crisis epilépticas que requieren un tratamiento diferente.
El electroencefalograma (EEG) es el principal estudio para confirmar el diagnóstico de crisis de ausencia. En estos casos el EEG muestra descargas de espigas y ondas 3 Hz que son bilateralmente sincrónicas y simétricas y que comienzan y terminan de manera abrupta, es decir se trata de crisis generalizadas que involucran ambos hemisferios cerebrales. El estudio por sí solo puede confirmar el diagnóstico, sin embargo en algunos casos se puede recomendar un estudio de neuroimagen como la resonancia magnética para descartar anormalidades estructurales.
Tratamiento de la epilepsia
La primera línea de tratamiento para la crisis de ausencia es la terapia anticonvulsivante con etosuxamida, aunque también se ha demostrado efectividad con ácido valproico, lamotrigina y topiramato. Dentro de los efectos adversos más comunes de la etosuxamida se encuentran el dolor abdominal y la náusea por lo que se recomienda tomarlo junto con alimentos.
Es importante mencionar que existen algunos otros medicamentos que se utilizan en otros tipos de epilepsia que pueden empeorar las crisis de ausencia, dentro de estos se encuentran:
- Fenitoína
- Carbamazepina
- Gabapentina
- Pregabalina
- Vigabatrina.
De igual forma, dentro del tratamiento deben brindarse opciones terapéuticas en caso de que el niño presente otros síntomas neuropsiquiátricos que pudieran afectar su funcionalidad.
Pronóstico
Gran parte de los niños dejan de presentar las crisis en la adolescencia, sin embargo se debe continuar con evaluaciones neurológicas y asesoría de problemas de atención, memoria visuoespacial, trastornos del lenguaje, depresión y ansiedad.
